
26 de junio de 2026
Hace tiempo que dejé de ver el Jiu-Jitsu brasileño como un simple deporte de contacto. Cuanto más entreno, más claro tengo que es psicología aplicada con kimono: cada combate pone a prueba exactamente las mismas habilidades mentales que trabajamos en el día a día. Pocas situaciones son tan incómodas como tener a alguien controlando tu cuerpo y buscando una sumisión. Tu instinto grita «huye». Pero el Jiu-Jitsu te enseña a respirar, bajar las pulsaciones y pensar dentro de esa incomodidad, en lugar de dejarte arrastrar por el pánico. Es justo lo que se hace en terapia: no se elimina el malestar, sino que aprendemos a movernos con él sin bloquearnos.



